Tema de estudio
Protección radiológica en la práctica diaria
- Sistema
- General
- Modalidad
- Varias
- Tipo
- Seguridad
Principios, magnitudes y gestos concretos para proteger al paciente, al personal y a uno mismo sin renunciar al diagnóstico.
Por qué importa
La radiación ionizante puede dañar el material genético de las células. Ese daño se traduce en dos tipos de efectos. Los efectos deterministas aparecen solo por encima de un umbral de dosis y su gravedad crece con la dosis recibida: Eritema cutáneo, caída del pelo, cataratas, radiodermitis. Son propios de procedimientos intervencionistas largos y prácticamente nunca de un estudio diagnóstico convencional.
Los efectos estocásticos, en cambio, no tienen umbral demostrado: Cualquier dosis, por pequeña que sea, aumentaría la probabilidad de que aparezca un cáncer años después, aunque no su gravedad. Este es el modelo de trabajo que se asume en protección radiológica por prudencia, y es la razón de fondo por la que se intenta reducir cada exposición al mínimo necesario.
Conviene mantener la perspectiva: El riesgo individual de un estudio aislado es muy pequeño, y una exploración justificada casi siempre aporta más beneficio que riesgo. El problema no es la radiografía necesaria sino la acumulación de estudios innecesarios o repetidos.
Los tres principios
El primero es la justificación: Ninguna exposición debe realizarse si no aporta un beneficio esperado superior al perjuicio. En la práctica esto significa que cada estudio debe responder a una pregunta clínica concreta y que su resultado debe poder cambiar la conducta. Repetir un estudio que ya existe y sigue siendo válido es una exposición injustificada.
El segundo es la optimización, resumida en el criterio de mantener la dosis tan baja como sea razonablemente posible. No significa usar la dosis mínima imaginable, sino la mínima compatible con obtener una imagen diagnóstica, porque una imagen con demasiado ruido obliga a repetir y termina irradiando más.
El tercero es la limitación de dosis, que fija límites legales anuales para los trabajadores expuestos y para el público. Es importante entender que estos límites no se aplican a los pacientes: A un paciente no se le limita la dosis, se le justifica y se le optimiza cada exploración.
Las magnitudes que se manejan
La dosis absorbida mide la energía depositada por unidad de masa de tejido y se expresa en gray. La dosis equivalente pondera esa energía según el tipo de radiación, porque no todas producen el mismo daño biológico, y se expresa en sievert. La dosis efectiva pondera además la sensibilidad de cada órgano irradiado y permite comparar de forma aproximada estudios muy distintos entre sí.
En la práctica del servicio se manejan además indicadores propios de cada modalidad, como el producto dosis-área en radiología convencional e intervencionista, o el índice de dosis y el producto dosis-longitud en tomografía computarizada. Estos valores no son la dosis del paciente en sentido estricto, sino una medida de lo que emitió el equipo, y sirven para comparar la práctica propia con los niveles de referencia establecidos.
Proteger al paciente
Lo primero es no hacer el estudio que no hace falta y buscar alternativas sin radiación cuando responden a la misma pregunta, especialmente en niños, jóvenes y embarazadas. Antes de irradiar conviene comprobar si ya existe un estudio previo reciente que resuelva la duda.
Durante la adquisición, los gestos con mayor impacto son colimar el campo estrictamente a la región de interés, ajustar los parámetros al tamaño real del paciente en lugar de usar protocolos fijos, evitar repeticiones cuidando el posicionamiento y la instrucción del paciente sobre la respiración y la inmovilidad, y elegir la proyección que aleje del haz directo a los órganos más sensibles.
El uso de protectores plomados sobre el paciente ha ido perdiendo peso como medida general, porque mal colocados pueden entrar en el campo, alterar los sistemas de control automático de exposición y obligar a repetir. La protección eficaz se consigue sobre todo con la justificación, la colimación y una técnica ajustada.
Proteger al personal: Tiempo, distancia y blindaje
En el trabajo diario el riesgo del personal no proviene del haz directo, del que siempre hay que mantenerse fuera, sino de la radiación dispersa que genera el propio paciente al ser irradiado. De ahí que la clave sea la geometría.
La distancia es la medida más eficaz de todas, porque la intensidad disminuye con el cuadrado de la distancia a la fuente: Duplicar la separación reduce la exposición a la cuarta parte. Dar dos pasos atrás protege más que cualquier delantal. El tiempo de permanencia junto al equipo en emisión debe ser el mínimo posible, y el blindaje incluye tanto las barreras estructurales y las mamparas de la sala como los equipos de protección individual.
En procedimientos con fluoroscopia se usa delantal plomado, protector tiroideo y gafas plomadas si la actividad lo justifica. En la mesa quirúrgica, la dispersión es mayor del lado por donde entra el haz, de modo que colocarse del lado del detector reduce apreciablemente la exposición. Los delantales deben guardarse colgados, nunca doblados, y revisarse periódicamente en busca de grietas.
Dosimetría y vigilancia
El trabajador expuesto lleva un dosímetro personal en el tronco, bajo el delantal cuando se usa, y en algunos casos un segundo dosímetro sobre el delantal o dosímetros de muñeca y de cristalino. El dosímetro no protege: Solo mide, y por eso debe llevarse siempre, no dejarse en la sala de exploración cuando no se usa y devolverse en los plazos establecidos.
La clasificación del personal, la vigilancia médica periódica, el control de calidad de los equipos y el registro de dosis forman parte del programa de protección radiológica del centro. Los resultados de la dosimetría deben revisarse: Una lectura anómala suele indicar un hábito de trabajo corregible.
Embarazo y edad pediátrica
Ante una mujer en edad fértil se pregunta siempre por la posibilidad de embarazo antes de irradiar el abdomen o la pelvis. Si existe embarazo, se valora si el estudio puede posponerse o sustituirse por ecografía o resonancia. Cuando la exploración es realmente necesaria para la salud de la madre no debe negarse: Un estudio bien justificado y optimizado del que el feto queda fuera del campo directo supone una exposición muy baja.
Los niños son más sensibles a la radiación porque sus tejidos están en división activa y porque tienen por delante más años de vida para que un efecto tardío se manifieste. En ellos la reducción de parámetros según el peso y el tamaño, la colimación estricta, la inmovilización adecuada para evitar repeticiones y la preferencia por la ecografía son especialmente importantes.
Puntos clave
- Los efectos deterministas tienen umbral y los estocásticos se asumen sin umbral: De ahí la prudencia con toda exposición.
- Los tres principios son justificación, optimización y limitación de dosis (los límites legales se aplican al personal, no a los pacientes).
- Justificar bien y colimar estrictamente protege más al paciente que cualquier accesorio plomado.
- Para el personal, la radiación dispersa del paciente es la fuente principal; la distancia es la protección más eficaz por la ley del cuadrado inverso.
- El dosímetro mide pero no protege, y debe llevarse siempre en la posición indicada.
- En niños se ajustan los parámetros al tamaño y se prioriza la ecografía; en embarazadas se pregunta siempre antes de irradiar abdomen o pelvis.